El futuro del maíz nativo boliviano

Mazorcas de maíz nativo guaraní.

En octubre del 2018 viajamos en busca de semillas de maíz nativo boliviano a lo largo del río Parapetí (departamento de Santa Cruz), específicamente por las comunidades guaraníes de Pirití, Akae, Catuari, Tacurú y Taputamí. Nuestro recorrido continuó por Tarenda, en Charagua sur, y luego por las localidades de Timboycito, Macharetí, Isipotindi y Salinas al sur de Camiri.

Esta es la tercera expedición SOS MAÍZ BOLIVIA (1) que organizamos junto a la Ong CIPCA-Cordillera a fin de estudiar el estado del maíz nativo en la zona del Chaco boliviano.

De especial interés para nuestro grupo de trabajo es verificar la erosión genética (2) de las variedades nativas de maíz que cultivan las familias guaraníes así como el probable grado de contaminación de las mismas, como consecuencia de la penetración ilegal en el país de maíz transgénico. (3)

Semillas Nativas de Maíz en el Chaco boliviano
Las variedades de maíz se pueden clasificar según la dureza, y color del grano y las comunidades guaraníes aún suelen referirse a ellas en su idioma originario. Por ejemplo, los maíces duros son el avatiu o maíz negro, el avatikuimbae o maíz amarillo, el avatitivae o maíz perla. Entre las variedades de maíz blando se encuentra el amarillo o avatiyu tatavae entre otras. Como cada una de estas variedades tiene un uso específico en la dieta alimentaria de las familias guaraníes, ellas son vitales para la seguridad y soberanía alimentaria de las comunidades. (4)

En entrevista realizada previamente al investigador del maíz y de la cultura guaraní José Ledezma (5) habíamos aprendido sobre unas 18 variedades conocidas y utilizadas por las comunidades de la región, las cuales hoy están amenazadas y en peligro de desaparecer. Algunas como el avatirapua (6) ya no se encuentran más y la única posibilidad de rescatarla sería buscar en bancos de germoplasma nacionales como INIAF o extranjeros como el CYMMT de México. (7)

Cultivos diversificados
Don Abdón Villarroel es un pequeño productor de maíz en la comunidad Pirití, al norte de Charagua. “Este año estoy sembrando blando amarillo” nos cuenta. “Mi esposa tiene una tienda donde vende repostería de masitas. El maíz que producimos nosotros yo sé que lo podemos cocinar, comer y vender con confianza ya que no tiene venenos. Son productos nativos y sanos. El zapallito se siembra junto al frejol y al maíz, para comer nosotros y los animales también”.

Agricultor Abdón Villarroel de la comunidad Pirití.

Las prácticas tradicionales agrícolas del pueblo guaraní incluyen principios agroecológicos como la rotación de cultivos y una estrategia de cultivos asociados, como el maíz, el joco (zapallo), y la cumanda (frejol). Este método de siembra es de mutuo beneficio para las plantas ya que al cultivarlas en forma cercana se mantiene mejor la cobertura vegetal del suelo, conservando la humedad y dificultando el crecimiento de la maleza. Además, el sistema genera un buen rendimiento para uso familiar y favorece la conservación de la agrobiodiversidad, lo que a su vez facilita el control de las plagas. (8)

“Antes cultivábamos el Cubano blanco, el Perla y el Blando. Después apareció el Suwan que ya no se encuentra. Van saliendo otras variedades más rentables, variedades híbridas, y se abandonan las nativas”, dice David Carrasco quien desde que recuerda ha vivido de la siembra del maíz. “Nosotros usamos mucho el Perla. El Blando necesita bastante agua así es que no lo cultivamos ahora. Usamos químicos sólo cuando entra el gusano. También usamos cal y ceniza”.

Troje en la comunidad Akae.

En la comunidad Akae don Florencio Altamirano tiene diferentes trojes (9) donde almacena en sacos las semillas seleccionadas de sus mejores mazorcas para la venta y cultivo propio. Recoge un puñado de cada saco y las exhibe con orgullo contándonos la historia de cada una. “El Perla nos lo donó el Centro de Investigación Agrícola Tropical (CIAT), los menonitas lo buscan y así lo puedo vender como semilla. Es resistente a la lluvia. Se ocupa bastante para hacer somó y locro, es muy requerido en la casa, para la familia”. “El Blando lo ocupo para hacer harina. Es muy cotizado para hacer bizcochos para comer y para vender. Es un cultivo delicado que sufre con la falta de lluvias”. Un año sembré híbrido y no me gustó su desempeño. No apliqué los químicos que me aconsejaban los técnicos para no dañar la tierra”.

En la comunidad Akae también se cultiva maní, sésamo, chía, frejol, zapallo, camote, yuca, caña y hay árboles frutales.

Don Florencio Altamirano agricultor de la comunidad de Akae.

La diversificación de los cultivos es la clave de la subsistencia familiar campesina. Así, en momentos en que hay aumento en los precios de los alimentos, las familias consiguen contener el gasto. Igualmente, en caso de sequía o exceso de lluvia siempre va a haber algún cultivo que resista estas condiciones adversas y donde la familia consiga el sustento necesario para su sobrevivencia.

En medio de un campo recién cosechado encontramos a Marcela Gallardo de la comunidad Tacurú, desgranando las mazorcas del maíz para guardar el grano. La diversidad de preparaciones a partir del maíz se hace evidente cuando las mujeres nos relatan los usos del grano. “Con en el maíz Perla se hace la chicha, el frangollo, harina y como alimento para las gallinas. El frangollo se consume con frejol o charque. En el tacú (10) se muele para pelarlo. Luego hay que cernir, secar al sol, lavar y otra vez en el tacú. Es un proceso largo y que requiere paciencia, tiempo y experiencia”.

Marcela Gallardo, comunidad Tacurú.

Más al sur, cercano al río Parapetí, se encuentra la comunidad Tarenda donde siembran una variedad de maíz llamada Gateado. “El Gateado es el mejor maíz que tenemos, no tiene problemas con la sequía. Tiene muchos usos y los animales se mantienen sanos. Cuando usamos el híbrido se nos enfermaron los pollitos” cuenta Marco Sambaquiri, productor local que tiene entre sus objetivos seleccionar semilla para compartir con otros compañeros de las comunidades aledañas. En su parcela además tiene diferentes árboles frutales que cuentan con irrigación. “Esta agüita que llega por las acequias proviene del río Parapetí, a dos kilómetros y nos permite también regar unos árboles para tener fruta. Antes uno tenía que salir a buscar trabajo afuera. Ahora podemos vivir del maíz”.

Marco Sambaquiri, agricultor de la localidad de Tarenda.

Soberanía alimentaria
En los últimos años la agricultura familiar campesina ha enfrentado nuevos retos y desafíos. La semilla híbrida ha vendido a reemplazar las variedades nativas ofreciendo mayores rendimientos pero demandando mayores sacrificios al productor a causa de los costos de la semilla, fertilizantes y químicos para contener las plagas. Igualmente, la introducción de semilla transgénica no hace sino empeorar este escenario de costos económicos e impactos ambientales en dramático aumento.

La tierra, la semilla y el agua son los pilares de la soberanía alimentaria, así como el conocimiento traspasado de generación en generación entre las familias indígenas de Bolivia, de nuestro continente y de todo el mundo.

“La semillas nativa que tenemos ya es muy poca” cuenta Crispín Rojas de la comunidad Timboycito, Capitanía Macharetí, al sur de Camiri. “El Avatirai era una variedad ‘breve’ que daba a los 60 días. Del maíz blando tenemos dos variedades, una que le decimos maíz blando grande y el pequeño que le decimos “gualleto”. El overo todavía hay. Tenemos un maíz que le decimos “dominguillo” de grano chico. La variedades que nosotros como pueblo guaraní manejamos son varias pero tenemos que sembrar alejados de los que siembran semilla híbrida para mantenerla pura”.

Del mismo parecer es Santos Gómez de la comunidad Isipotindi. “Estoy sembrando maíz perla del grano pequeño y el perla del grano grande, también el amarillo. Hemos visto que cuando teníamos híbridos nuestra semilla nativa se fue cruzando y fue degenerando. Ya casi no se encuentra semilla nativa. Nuestro maíz lo manteníamos casi sin pesticidas. La tierra es buena acá. Todo se da. Sólo necesitamos la semilla”.

Para Sandra Sánchez la relación entre alimentación sana y la salud es clara: “Quizás aquí en la comunidad no tenemos tanta enfermedad en los niños ya que consumimos maíz sin químicos, pero como falta el agua no podemos sembrar, verduras y hortalizas”.

Cambio climático
En los últimos años un nuevo factor ha venido a generar incertidumbre en la producción local de alimentos: el cambio climático. Wilder Moza, técnico de Cipca y conocedor de las comunidades locales, nos dice que en la zona del Chaco ya se han visto cambios importantes en los últimos diez años. En primer lugar a causa de la ampliación de la frontera agrícola. “El desmonte es causa segura de la sequía extrema en algunas zonas, lluvias esporádicas que hacen que la producción se pierda y a causa de este riesgo las comunidades tienen que salir a buscar trabajo afuera. Por otro lado el exceso de lluvia también ocasiona pérdidas sobre todo en época de cosecha. Sólo queda adaptarse a estos cambios y encontrar medidas de mitigación”.

En marzo de 2019 el río Parapetí alcanzó una cota máxima histórica de 5.09 metros en las cercanías de Camiri. Se registraron numerosos damnificados y pérdidas en los cultivos de la zona. Aún resta evaluar la magnitud del impacto en las comunidades más alejadas.

Guardadores de semillas
Cantalicio Ortíz es guardador de semillas en la comunidad de Salinas a unos 20 kilómetros al sur de Camiri. “Ocho rayas le decían al blanco, avatisanka le llaman al perla, avatiun es el culli (negro), avatikai es el blando, avatipara es el overo, esas eran algunas de las semillas nativas, y todo eso se está perdiendo”.

Variedades de maíz nativo guaraní.

Junto a su esposa, Lucía Torres, ha participado en programas de recuperación de semilla que organiza la FAO y han logrado recuperar unas 7 variedades de semilla nativa de maíz. “Estas semillas las hemos conseguido el 2011. Nos interesaba recuperar la semilla nativa antigua. Ya no queríamos trabajar con el híbrido. Tenemos algunas variedades como el Gateado, el Blando amarillo, el Culli, el rojo Sangre de toro, el Perla grande y chico, el Choclero, el Overo y el Cubano amarillo del criollo (sic). “

Lucía Torres, guardadora de semillas, Salinas.

“Nosotros seleccionamos el maíz en el chaco. Vemos cuáles son las mejores mazorcas y el resto lo dejamos para consumo nuestro y de los animales que tenemos. A mucha gente le interesa este maíz ya que no se encuentra. Parece que sólo nosotros lo estamos manteniendo. Ya nos queda poco maíz para vender. Los últimos kilos se los estamos entregando a comunidades de hermanos para que ellos también multipliquen la semilla”.

Junto con el conocimiento de la semilla y de las labores de labranza Lucía conoce todas las preparaciones que pueden hacerse con los productos cosechados a lo largo del año. “El blando overo lo utilizamos para hacer roscas. El sangre de toro es para hacer la chicha. El negro (culli) es para hacer api morado. El blando amarillo, igual que el overo, lo ocupamos para hacer las roscas, chirriada, piri. El gateado lo ocupamos para hacer chicha, mote pelachi, también chirriadas. El maíz perla lo utilizamos para hacer el somó. El choclero lo tenemos para hacer humintas o para la venta cuando está tierno. El cubano criollo amarillo también nos sirve para hacer el tujuré y la chicha. Es harinoso, sabroso y más blando que los híbridos”. (11)

Según algunos estudios Bolivia cuenta con 7 complejos raciales, 45 razas y centenares de variedades de maíz nativo mientras otros calculan en 77 las razas de maíz en los diferentes pisos ecológicos del país (12).

Bajo amenaza permanente
En tanto que don Abdón Villarroel, David Carrasco, Marcela Gallardo y muchos otros campesinos cultivan con cariño y dedicación las variedades ancestrales de maíz y practican una agricultura a escala humana, el gobierno y el agronegocio en Bolivia parecen ir en un rumbo totalmente opuesto: hacia la destrucción de la soberanía y la seguridad alimentaria.

En 2018 Bolivia comenzó a comercializar biocombustibles a base de etanol, a partir de la caña de azúcar. Adicionalmente, para la producción del llamado biodiesel, se requerirá un gran aumento de las plantaciones comerciales de soya y sorgo. Sólo de soya, según el ministerio de Hidrocarburos boliviano, se espera que la superficie cultivada aumente entre 200 y 250 mil hectáreas en el futuro cercano, las que se sumarían al millón de hectáreas de soya transgénica ya existente en el país.

En abril de 2019 el gobierno boliviano autorizó al Comité Nacional de Bioseguridad establecer procedimientos abreviados para la evaluación de la soya transgénica evento HB4 y soya transgénica evento Intacta, destinados a la producción de aditivos de origen vegetal (13), lo que abre la puerta para que en el plazo más breve se evalúe también la producción de algodón y maíz transgénicos.

El Gobierno sostiene que la producción de biocombustibles, junto a la explotación de los yacimientos de litio y gas, hará crecer el Producto Interno Bruto (PBI) en cinco o seis por ciento. Para la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) sin embargo, la industria de los biocombustibles tiene efectos negativos para la seguridad alimentaria, el medioambiente, y el cambio climático.

En la opinión de Theodor Friedrich, representante de la FAO en Bolivia, destinar tierras para los biocombustibles “es una decisión fatal” que provocará más degradación del medioambiente, mayor afectación de las áreas de bosques y más cambio climático. “También habrá una baja en la producción de alimentos porque también la productividad puede bajar”.

Con ese panorama, aumenta la urgencia por proteger los cultivos autóctonos, cuyas semillas y variedades son patrimonio de todos los ciudadanos y no de empresas privadas y grupos económicos multinacionales.

Rodrigo Lampasona Soruco
Director SOS MAÍZ BOLIVIA

Agradecimientos:
Horacio Brum, Néstor Cuéllar, Wilder Moza, Sisi Jaldin y Martha Borda.

Notas
(1) Para mayor información sobre expediciones SOS MAIZ BOLIVIA visitar: https://sosmaizbolivia.com/ .
(2) La erosión genética se puede definir como la pérdida de las variedades de una especie lo que afecta, en última instancia, a la diversidad biológica de las especies de la naturaleza en su conjunto sean estas animales, vegetales o microorganismos.
(3) Ver: https://sosmaizbolivia.com/2017/05/09/hallazgo-de-maiz-transgenico-pone-en-peligro-de-desaparicion-77-variedades-de-maiz-nativo/ .
(4) La Vía Campesina define soberanía alimentaria como un derecho de los pueblos a definir su política agraria y alimentaria, priorizando la producción local y garantizando a los campesinos el acceso a la tierra, el agua, las semillas y el crédito, ampliando la definición de la FAO de seguridad alimentaria que se focaliza en el acceso a los alimentos.
(5) Ver: https://sosmaizbolivia.com/2018/10/13/entrevista-con-jose-ledezma-sobre-el-maiz-nativo-guarani-en-bolivia-1era-parte/ .
(6) Avatirapua sería un maíz negro redondo conocido por los guaraníes que se habría perdido en los últimos años.
(7) A fines de 2018 la prensa boliviana reportó ampliamente que el Instituto Nacional de Innovación Agropecuaria y Forestal (INIAF) habría logrado la repatriación de 666 accesiones o tipos de maíz de valor incalculable desde el Centro Internacional de Mejoramiento de Maíz y Trigo (CIMMYT) de México.
(8) La agrobiodiversidad o diversidad agrícola engloba por un lado a las especies de plantas y animales cultivadas y domesticadas para la alimentación y otros usos así como a sus parientes silvestres. Por otro lado, incluye a los componentes que sostienen a los sistemas de producción agrícola o agroecosistemas como microorganismos del suelo, depredadores, polinizadores, etc.
(9) Depósito destinado a guardar las cosechas, especialmente maíz, que en el Chaco es de madera y puede ser edificado en altura para proteger el producto de las plagas.
(10) Mortero grande de madera.
(11) Las diferentes variedades de maíz se ocupan para preparar gran variedad de bebidas como el api, la chicha, el somó, el tujuré y platos como el mote pelachi, las humintas y las chirriadas que son similares a los panqueques o tortillas.
(12) Ver estudios de Ávila y Brandolini y José Antonio Serratos.
(13) Decreto Supremo: D.S. 3847 (17 de abril de 2019).

Entrevista con José Ledezma sobre el maíz nativo guaraní en Bolivia – 1era Parte

En la segunda expedición SOS MAIZ al Chaco boliviano en marzo del 2018 entrevistamos al investigador del maíz y de la cultutra guaraní José M. Ledezma en la localidad de Cuevo, cerca de Camiri, en el Chaco boliviano.

Hace 20 años en el Chaco boliviano se encontraban cerca de 18 variedades de maíz las que  se han venido erosionando a causa de la adopción de maíces híbridos que tienen como destino la comercialización. Este cambio en el uso del maíz tiene como consecuencia la pérdida de variedades tradicionales a la vez que representa una amenaza a la seguridad y soberanía alimentaria del pueblo guaraní.
La visión del pueblo guaraní sobre su cultura, sus alimentos y particularmente sobre el maíz se basa en que la cosecha puede ser guardada en el troje, una pequeña despensa que asegura la disponibilidad de alimento para todo el año.
El cultivo de estas razas nativas de maíz se realiza sin agroquímicos y de esta manera las comunidades  aún pueden disponer  de una alimentación segura, sana y nutritiva para sus familias.

El maíz transgénico amenaza la riqueza genética del Chaco boliviano

 

por Néstor Cuéllar Álvarez (*)
Publicado: 24 Abril
Créditos fotografía: Archivo SOS MAIZ BOLIVIA

El maíz es originario de América, está disperso en todo el mundo y ha contribuido sustancialmente a la alimentación de la humanidad. Los pueblos agricultores del suroeste de México los que hace miles de años modificaron de manera natural el teosinte (planta silvestre) para lograr su transformación en lo que hoy conocemos como el cultivo de maíz (Miranda, 1998). Por otra parte, del total de 260 razas de maíz descritas para América, 132 son originarias de la zona andina (Goodman y Brown, 1998).

Se considera a Bolivia como centro de origen de maíces nativos y se afirma que en el país se han clasificado 7 complejos raciales (alto andino, amazónico, perla, morocho, harinoso de los valles templados, pisankalla y cordillera), aspecto que confirma una vez más la gran riqueza y biodiversidad genética de nuestro país. Sin embargo, nos encontramos en alerta por ciertas medidas y políticas públicas que han viabilizado la introducción de maíz transgénico desde países vecinos.

En la campaña 2015/2016 una prolongada sequía afectó la producción agropecuaria y forestal en diferentes regiones del país y en el Chaco las pérdidas en la producción de maíz fueron alarmantes. En respuesta a ello, el 02 de agosto del 2016 el gobierno nacional emitió una serie de decretos supremos para paliar la difícil situación que vivieron los productores y otros sectores productivos afectados por la sequía. El Decreto Supremo N° 2857 facilitó la importación de maíz desde Argentina donde la producción de transgénicos como maíz Bt (Bacillus thuringiensis) y RR (Roundup Ready) alcanza el 96% del total cultivado, siendo previsible el ingreso de maíz transgénico al país. Esta medida aunque de importación vulneró la Constitución Política del Estado y leyes que de ella se derivan: el artículo 255 de la nueva constitución en su parágrafo II, inciso 8 que indica “… seguridad y soberanía alimentaria para toda la población; prohibición de importación, producción y comercialización de organismos genéticamente modificados y elementos tóxicos que dañen la salud y el medio ambiente”; la Ley N° 144 “Revolución Productiva Comunitaria Agropecuaria” y la Ley N° 300 “Marco de la Madre Tierra y Desarrollo Integral para vivir bien”, también hacen referencia a la restricción en el uso y manejo de los transgénicos en el país.

Existen diversas evidencias basadas en estudios y notas de prensa que confirman la presencia de maíz transgénico en Bolivia. Las notas de prensa publicadas en El Deber afirman que en la campaña agrícola 2016/2017 se cultivaron alrededor de 62.550 hectáreas de maíz transgénico en el departamento de Santa Cruz (14/08/2017), así como la importación de 87 toneladas de maíz amarillo transgénico argentino en el 2015 y que en el 2016 esta cifra se disparó hasta 98.0000 toneladas. Asimismo la publicación del 29/09/2017 señala que “productores revelan uso de semilla de maíz transgénico de contrabando” y la Cámara de Pequeños Productores del Oriente (CAPPO) indicó que sembraron 4.000 hectáreas de transgénicos en el municipio de Cuatro Cañadas.

En el 2017, CIPCA y PROBIOMA realizamos un estudio basado en el análisis de la proteína CP4 EPSPS que se aplicó a muestras de semilla y granos de maíz recolectados en centros de comercialización mayorista y en casas comercializadoras de semilla de los municipios de Villamontes, Yacuiba, Camiri y la Charagua Iyambae, que confirmó una vez más la presencia de cultivos de maíz transgénico Roundup Ready (RR) evento NK603 en los campos agrícolas. Además de estarse cultivando maíz transgénico RR de manera ilegal el producto es cruzado artesanalmente con maíces híbridos y comercializado como semilla y grano en colonias menonitas de Pinondi, La Vertiente y centros de comercialización de productos agropecuarios. El estudio realizado también confirma que en la Colonia Menonita Pinondi (ubicada en Charagua Iyambae) se comercializa maíz transgénico a un precio que oscila entre 60 y 70 dólares americanos la bolsa de 50 kg, sin existir ningún control al respecto.

La presencia de maíz transgénico cultivado en el Chaco y específicamente en el departamento de Santa Cruz, sin duda pone en riesgo las más de 18 variedades nativas de maíz que se han cultivado por generaciones principalmente en las comunidades guaraní. Están en una inminente y silenciosa amenaza de ser contaminadas genéticamente y por ende resultaría en el mediano plazo en su pérdida total, situación que actualmente viven los agricultores en México.

Las variedades nativas de maíz amenazadas y que cultivan las familias guaraní se clasifican según su dureza, color y forma, por lo que se conocen las siguientes: variedades de maíz duro (avatiü o maíz negro, avatikuimbae o maíz amarillo, avatitivae o maíz perla), variedades semidura (avatirapua o maíz esférico) y variedades de maíz blando (maíz amarillo o avatiyu tätävae). Cada una de las variedades tiene un uso específico en la dieta alimentaria de las familias guaraníes.

El ingreso de maíz transgénico al país vulnera también la seguridad y soberanía alimentaria de los pueblos y naciones indígena originario campesinos. En Bolivia existen procedimientos claros para regular el ingreso (para la producción consumo o comercialización) de transgénicos, que deben ser aprobados y autorizados por el Comité Nacional de Bioseguridad instancia responsable además de evaluar los riesgos y evitar efectos negativos para la salud humana, el medio ambiente, el bienestar económico y social de la población y la afectación a la diversidad biológica.

Por otra parte, es importante traer a colación que en la gestión 2005 el Viceministerio de Recursos Naturales y Medio Ambiente emitió la Resolución Administrativa Nº 135/05 que en su artículo segundo resuelve: “Rechazar toda solicitud sobre introducción de maíz genéticamente modificado al territorio nacional, para la realización de pruebas de campo, siembra, producción o liberación deliberada en el medio ambiente”. Esto se dio porque la empresa Dow AgroSciences Bolivia S.A. presentó, en agosto del 2004 una solicitud para la realización de ensayos con maíz genéticamente modificado (resistencia al gusano cogollero y al herbicida glifosinato de amonio con maíz Bt, evento TC 1507). Dicha solicitud fue rechazada tomando en cuenta las recomendaciones técnicas que establecen la alta probabilidad de contaminación genética de variedades nativas y criollas de maíz dado que Bolivia es centro de diversidad genética de este grano.

La situación actual interpela a las instancias gubernamentales responsables según sus roles de hacer cumplir la normativa actual: el Ministerio de Medio Ambiente y Agua (MMAyA) con sus direcciones descentralizadas como la Dirección General de Biodiversidad y Áreas Protegidas, y el Ministerio de Desarrollo Rural y Tierra (MDRyT) a través del SENASAG e INIAF instituciones encomendadas a realizar la autorización de la importación de cualquier material vegetal y/o semillas y el respectivo control en el territorio nacional, entre otros.

Dichas instancias deben tomar medidas rápidas para eliminar los focos de producción y comercialización ilegal de semilla y grano de maíz transgénico, y deben promover la producción de semilla de maíz convencional rescatando las variedades nativas que están en peligro de desaparecer, considerando además que Bolivia está en el listado de los 16 países megadiversos en el mundo. Por otro lado, el peligro de pérdida de las variedades nativas de maíz interpela también a los pueblos indígenas campesinos y sus organizaciones a defender el material genético propio de los pueblos y los conocimientos tradicionales, la seguridad alimentaria. Además deben cumplir lo establecido en varios artículos específicos en las políticas públicas nacionales como en la Constitución Política del Estado (Arts. 16 y 225) y en otras leyes como la Nº 300, Ley Marco de la Madre Tierra y Desarrollo Integral para Vivir Bien (Art.24);  No 144, Ley de la Revolución Productiva Comunitaria Agropecuaria (Art.15); N° 3525, Ley de Regulación y Promoción de la Producción Agropecuaria y Forestal no Maderable Ecológica (Art. Nº 2), asimismo en los Decretos Supremos N° 0181 de Normas Básicas del Sistema De Administración de Bienes y Servicios (Art. 80) y el Nº 2452, Etiquetado de Organismos Genéticamente Modificados (art. 2);  y la Resolución Administrativa VRRNNyMA Nº 135/05 (Art. 2); inlcuido el Protocolo de Cartagena Sobre Seguridad de la Biotecnología, vigente en el país desde septiembre de 2003.

(*) Néstor Cuéllar Álvarez es Agrónomo de CIPCA Cordillera.

Fuente: http://www.cipca.org.bo/index.php?option=com_content&view=article&id=4166

El maíz boliviano en peligro

 

SOS MAIZ BOLIVIA en colaboración con CIPCA y BOLIVIA LIBRE DE TRANSGENICOS viajó al Chaco boliviano en marzo del 2018 para investigar las variedades de maíz nativo que los agricultores guaraníes custodian y defienden de la contaminación transgénica y de la negligencia de las autoridades.

En esta segunda expedición estuvimos en las comunidades guaraníes de Salinas y Cañon de Segura, en las cercanías de Camiri, compartiendo los sueños y preocupaciones de sus agricultores y guardadoras de semillas.
Entre los comunarios hay gran preocupación a raíz de la introducción de híbridos que son ofrecidos como donaciones por las autoridades sin tener pleno conocimiento de qué tipo de semilla se trata. Igualmente se van dando cuenta que sus variedades de semillas nativas, las que cuidaban celosamente sus padres y abuelos, son cada día más escasas, en un proceso irreversible conocido como erosión genética.
Por otra parte, se comienza a entender el grave daño que representa el ingreso de  maíz transgénico en Bolivia ya que en breve contaminará todas las variedades de maíz nativo que aún  conoce y guarda el pueblo guaraní.
La campaña El Maíz es mi Raíz que encabeza la plataforma Bolivia Libre de Transgénicos está denunciando a nivel nacional e internacional el grave daño que representa la aprobación ilegal de cultivos transgénicos de maíz en Bolivia.
Bolivia es centro de origen de 77 variedades de maíz representando un valioso patrimonio nacional fitogenético que se está perdiendo aceleradamente.
La organizaciones ambientalistas de todo el país denuncian además el profundo impacto ambiental que significará la ampliación de la frontera agrícola para el cultivo de nuevos eventos transgénicos como la soya, el algodón y la caña de azúcar, promovidos por el agronegocio, lo que traerá más deforestación, ausencia de lluvias y contaminación generalizada por el aumento del uso de agrotóxicos, especialmente el pesticida glifosato, reconocido como cancerígeno por la Organización Mundial de la Salud.