El futuro del maíz nativo boliviano

Mazorcas de maíz nativo guaraní.

En octubre del 2018 viajamos en busca de semillas de maíz nativo boliviano a lo largo del río Parapetí (departamento de Santa Cruz), específicamente por las comunidades guaraníes de Pirití, Akae, Catuari, Tacurú y Taputamí. Nuestro recorrido continuó por Tarenda, en Charagua sur, y luego por las localidades de Timboycito, Macharetí, Isipotindi y Salinas al sur de Camiri.

Esta es la tercera expedición SOS MAÍZ BOLIVIA (1) que organizamos junto a la Ong CIPCA-Cordillera a fin de estudiar el estado del maíz nativo en la zona del Chaco boliviano.

De especial interés para nuestro grupo de trabajo es verificar la erosión genética (2) de las variedades nativas de maíz que cultivan las familias guaraníes así como el probable grado de contaminación de las mismas, como consecuencia de la penetración ilegal en el país de maíz transgénico. (3)

Semillas Nativas de Maíz en el Chaco boliviano
Las variedades de maíz se pueden clasificar según la dureza, y color del grano y las comunidades guaraníes aún suelen referirse a ellas en su idioma originario. Por ejemplo, los maíces duros son el avatiu o maíz negro, el avatikuimbae o maíz amarillo, el avatitivae o maíz perla. Entre las variedades de maíz blando se encuentra el amarillo o avatiyu tatavae entre otras. Como cada una de estas variedades tiene un uso específico en la dieta alimentaria de las familias guaraníes, ellas son vitales para la seguridad y soberanía alimentaria de las comunidades. (4)

En entrevista realizada previamente al investigador del maíz y de la cultura guaraní José Ledezma (5) habíamos aprendido sobre unas 18 variedades conocidas y utilizadas por las comunidades de la región, las cuales hoy están amenazadas y en peligro de desaparecer. Algunas como el avatirapua (6) ya no se encuentran más y la única posibilidad de rescatarla sería buscar en bancos de germoplasma nacionales como INIAF o extranjeros como el CYMMT de México. (7)

Cultivos diversificados
Don Abdón Villarroel es un pequeño productor de maíz en la comunidad Pirití, al norte de Charagua. “Este año estoy sembrando blando amarillo” nos cuenta. “Mi esposa tiene una tienda donde vende repostería de masitas. El maíz que producimos nosotros yo sé que lo podemos cocinar, comer y vender con confianza ya que no tiene venenos. Son productos nativos y sanos. El zapallito se siembra junto al frejol y al maíz, para comer nosotros y los animales también”.

Agricultor Abdón Villarroel de la comunidad Pirití.

Las prácticas tradicionales agrícolas del pueblo guaraní incluyen principios agroecológicos como la rotación de cultivos y una estrategia de cultivos asociados, como el maíz, el joco (zapallo), y la cumanda (frejol). Este método de siembra es de mutuo beneficio para las plantas ya que al cultivarlas en forma cercana se mantiene mejor la cobertura vegetal del suelo, conservando la humedad y dificultando el crecimiento de la maleza. Además, el sistema genera un buen rendimiento para uso familiar y favorece la conservación de la agrobiodiversidad, lo que a su vez facilita el control de las plagas. (8)

“Antes cultivábamos el Cubano blanco, el Perla y el Blando. Después apareció el Suwan que ya no se encuentra. Van saliendo otras variedades más rentables, variedades híbridas, y se abandonan las nativas”, dice David Carrasco quien desde que recuerda ha vivido de la siembra del maíz. “Nosotros usamos mucho el Perla. El Blando necesita bastante agua así es que no lo cultivamos ahora. Usamos químicos sólo cuando entra el gusano. También usamos cal y ceniza”.

Troje en la comunidad Akae.

En la comunidad Akae don Florencio Altamirano tiene diferentes trojes (9) donde almacena en sacos las semillas seleccionadas de sus mejores mazorcas para la venta y cultivo propio. Recoge un puñado de cada saco y las exhibe con orgullo contándonos la historia de cada una. “El Perla nos lo donó el Centro de Investigación Agrícola Tropical (CIAT), los menonitas lo buscan y así lo puedo vender como semilla. Es resistente a la lluvia. Se ocupa bastante para hacer somó y locro, es muy requerido en la casa, para la familia”. “El Blando lo ocupo para hacer harina. Es muy cotizado para hacer bizcochos para comer y para vender. Es un cultivo delicado que sufre con la falta de lluvias”. Un año sembré híbrido y no me gustó su desempeño. No apliqué los químicos que me aconsejaban los técnicos para no dañar la tierra”.

En la comunidad Akae también se cultiva maní, sésamo, chía, frejol, zapallo, camote, yuca, caña y hay árboles frutales.

Don Florencio Altamirano agricultor de la comunidad de Akae.

La diversificación de los cultivos es la clave de la subsistencia familiar campesina. Así, en momentos en que hay aumento en los precios de los alimentos, las familias consiguen contener el gasto. Igualmente, en caso de sequía o exceso de lluvia siempre va a haber algún cultivo que resista estas condiciones adversas y donde la familia consiga el sustento necesario para su sobrevivencia.

En medio de un campo recién cosechado encontramos a Marcela Gallardo de la comunidad Tacurú, desgranando las mazorcas del maíz para guardar el grano. La diversidad de preparaciones a partir del maíz se hace evidente cuando las mujeres nos relatan los usos del grano. “Con en el maíz Perla se hace la chicha, el frangollo, harina y como alimento para las gallinas. El frangollo se consume con frejol o charque. En el tacú (10) se muele para pelarlo. Luego hay que cernir, secar al sol, lavar y otra vez en el tacú. Es un proceso largo y que requiere paciencia, tiempo y experiencia”.

Marcela Gallardo, comunidad Tacurú.

Más al sur, cercano al río Parapetí, se encuentra la comunidad Tarenda donde siembran una variedad de maíz llamada Gateado. “El Gateado es el mejor maíz que tenemos, no tiene problemas con la sequía. Tiene muchos usos y los animales se mantienen sanos. Cuando usamos el híbrido se nos enfermaron los pollitos” cuenta Marco Sambaquiri, productor local que tiene entre sus objetivos seleccionar semilla para compartir con otros compañeros de las comunidades aledañas. En su parcela además tiene diferentes árboles frutales que cuentan con irrigación. “Esta agüita que llega por las acequias proviene del río Parapetí, a dos kilómetros y nos permite también regar unos árboles para tener fruta. Antes uno tenía que salir a buscar trabajo afuera. Ahora podemos vivir del maíz”.

Marco Sambaquiri, agricultor de la localidad de Tarenda.

Soberanía alimentaria
En los últimos años la agricultura familiar campesina ha enfrentado nuevos retos y desafíos. La semilla híbrida ha vendido a reemplazar las variedades nativas ofreciendo mayores rendimientos pero demandando mayores sacrificios al productor a causa de los costos de la semilla, fertilizantes y químicos para contener las plagas. Igualmente, la introducción de semilla transgénica no hace sino empeorar este escenario de costos económicos e impactos ambientales en dramático aumento.

La tierra, la semilla y el agua son los pilares de la soberanía alimentaria, así como el conocimiento traspasado de generación en generación entre las familias indígenas de Bolivia, de nuestro continente y de todo el mundo.

“La semillas nativa que tenemos ya es muy poca” cuenta Crispín Rojas de la comunidad Timboycito, Capitanía Macharetí, al sur de Camiri. “El Avatirai era una variedad ‘breve’ que daba a los 60 días. Del maíz blando tenemos dos variedades, una que le decimos maíz blando grande y el pequeño que le decimos “gualleto”. El overo todavía hay. Tenemos un maíz que le decimos “dominguillo” de grano chico. La variedades que nosotros como pueblo guaraní manejamos son varias pero tenemos que sembrar alejados de los que siembran semilla híbrida para mantenerla pura”.

Del mismo parecer es Santos Gómez de la comunidad Isipotindi. “Estoy sembrando maíz perla del grano pequeño y el perla del grano grande, también el amarillo. Hemos visto que cuando teníamos híbridos nuestra semilla nativa se fue cruzando y fue degenerando. Ya casi no se encuentra semilla nativa. Nuestro maíz lo manteníamos casi sin pesticidas. La tierra es buena acá. Todo se da. Sólo necesitamos la semilla”.

Para Sandra Sánchez la relación entre alimentación sana y la salud es clara: “Quizás aquí en la comunidad no tenemos tanta enfermedad en los niños ya que consumimos maíz sin químicos, pero como falta el agua no podemos sembrar, verduras y hortalizas”.

Cambio climático
En los últimos años un nuevo factor ha venido a generar incertidumbre en la producción local de alimentos: el cambio climático. Wilder Moza, técnico de Cipca y conocedor de las comunidades locales, nos dice que en la zona del Chaco ya se han visto cambios importantes en los últimos diez años. En primer lugar a causa de la ampliación de la frontera agrícola. “El desmonte es causa segura de la sequía extrema en algunas zonas, lluvias esporádicas que hacen que la producción se pierda y a causa de este riesgo las comunidades tienen que salir a buscar trabajo afuera. Por otro lado el exceso de lluvia también ocasiona pérdidas sobre todo en época de cosecha. Sólo queda adaptarse a estos cambios y encontrar medidas de mitigación”.

En marzo de 2019 el río Parapetí alcanzó una cota máxima histórica de 5.09 metros en las cercanías de Camiri. Se registraron numerosos damnificados y pérdidas en los cultivos de la zona. Aún resta evaluar la magnitud del impacto en las comunidades más alejadas.

Guardadores de semillas
Cantalicio Ortíz es guardador de semillas en la comunidad de Salinas a unos 20 kilómetros al sur de Camiri. “Ocho rayas le decían al blanco, avatisanka le llaman al perla, avatiun es el culli (negro), avatikai es el blando, avatipara es el overo, esas eran algunas de las semillas nativas, y todo eso se está perdiendo”.

Variedades de maíz nativo guaraní.

Junto a su esposa, Lucía Torres, ha participado en programas de recuperación de semilla que organiza la FAO y han logrado recuperar unas 7 variedades de semilla nativa de maíz. “Estas semillas las hemos conseguido el 2011. Nos interesaba recuperar la semilla nativa antigua. Ya no queríamos trabajar con el híbrido. Tenemos algunas variedades como el Gateado, el Blando amarillo, el Culli, el rojo Sangre de toro, el Perla grande y chico, el Choclero, el Overo y el Cubano amarillo del criollo (sic). “

Lucía Torres, guardadora de semillas, Salinas.

“Nosotros seleccionamos el maíz en el chaco. Vemos cuáles son las mejores mazorcas y el resto lo dejamos para consumo nuestro y de los animales que tenemos. A mucha gente le interesa este maíz ya que no se encuentra. Parece que sólo nosotros lo estamos manteniendo. Ya nos queda poco maíz para vender. Los últimos kilos se los estamos entregando a comunidades de hermanos para que ellos también multipliquen la semilla”.

Junto con el conocimiento de la semilla y de las labores de labranza Lucía conoce todas las preparaciones que pueden hacerse con los productos cosechados a lo largo del año. “El blando overo lo utilizamos para hacer roscas. El sangre de toro es para hacer la chicha. El negro (culli) es para hacer api morado. El blando amarillo, igual que el overo, lo ocupamos para hacer las roscas, chirriada, piri. El gateado lo ocupamos para hacer chicha, mote pelachi, también chirriadas. El maíz perla lo utilizamos para hacer el somó. El choclero lo tenemos para hacer humintas o para la venta cuando está tierno. El cubano criollo amarillo también nos sirve para hacer el tujuré y la chicha. Es harinoso, sabroso y más blando que los híbridos”. (11)

Según algunos estudios Bolivia cuenta con 7 complejos raciales, 45 razas y centenares de variedades de maíz nativo mientras otros calculan en 77 las razas de maíz en los diferentes pisos ecológicos del país (12).

Bajo amenaza permanente
En tanto que don Abdón Villarroel, David Carrasco, Marcela Gallardo y muchos otros campesinos cultivan con cariño y dedicación las variedades ancestrales de maíz y practican una agricultura a escala humana, el gobierno y el agronegocio en Bolivia parecen ir en un rumbo totalmente opuesto: hacia la destrucción de la soberanía y la seguridad alimentaria.

En 2018 Bolivia comenzó a comercializar biocombustibles a base de etanol, a partir de la caña de azúcar. Adicionalmente, para la producción del llamado biodiesel, se requerirá un gran aumento de las plantaciones comerciales de soya y sorgo. Sólo de soya, según el ministerio de Hidrocarburos boliviano, se espera que la superficie cultivada aumente entre 200 y 250 mil hectáreas en el futuro cercano, las que se sumarían al millón de hectáreas de soya transgénica ya existente en el país.

En abril de 2019 el gobierno boliviano autorizó al Comité Nacional de Bioseguridad establecer procedimientos abreviados para la evaluación de la soya transgénica evento HB4 y soya transgénica evento Intacta, destinados a la producción de aditivos de origen vegetal (13), lo que abre la puerta para que en el plazo más breve se evalúe también la producción de algodón y maíz transgénicos.

El Gobierno sostiene que la producción de biocombustibles, junto a la explotación de los yacimientos de litio y gas, hará crecer el Producto Interno Bruto (PBI) en cinco o seis por ciento. Para la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) sin embargo, la industria de los biocombustibles tiene efectos negativos para la seguridad alimentaria, el medioambiente, y el cambio climático.

En la opinión de Theodor Friedrich, representante de la FAO en Bolivia, destinar tierras para los biocombustibles “es una decisión fatal” que provocará más degradación del medioambiente, mayor afectación de las áreas de bosques y más cambio climático. “También habrá una baja en la producción de alimentos porque también la productividad puede bajar”.

Con ese panorama, aumenta la urgencia por proteger los cultivos autóctonos, cuyas semillas y variedades son patrimonio de todos los ciudadanos y no de empresas privadas y grupos económicos multinacionales.

Rodrigo Lampasona Soruco
Director SOS MAÍZ BOLIVIA

Agradecimientos:
Horacio Brum, Néstor Cuéllar, Wilder Moza, Sisi Jaldin y Martha Borda.

Notas
(1) Para mayor información sobre expediciones SOS MAIZ BOLIVIA visitar: https://sosmaizbolivia.com/ .
(2) La erosión genética se puede definir como la pérdida de las variedades de una especie lo que afecta, en última instancia, a la diversidad biológica de las especies de la naturaleza en su conjunto sean estas animales, vegetales o microorganismos.
(3) Ver: https://sosmaizbolivia.com/2017/05/09/hallazgo-de-maiz-transgenico-pone-en-peligro-de-desaparicion-77-variedades-de-maiz-nativo/ .
(4) La Vía Campesina define soberanía alimentaria como un derecho de los pueblos a definir su política agraria y alimentaria, priorizando la producción local y garantizando a los campesinos el acceso a la tierra, el agua, las semillas y el crédito, ampliando la definición de la FAO de seguridad alimentaria que se focaliza en el acceso a los alimentos.
(5) Ver: https://sosmaizbolivia.com/2018/10/13/entrevista-con-jose-ledezma-sobre-el-maiz-nativo-guarani-en-bolivia-1era-parte/ .
(6) Avatirapua sería un maíz negro redondo conocido por los guaraníes que se habría perdido en los últimos años.
(7) A fines de 2018 la prensa boliviana reportó ampliamente que el Instituto Nacional de Innovación Agropecuaria y Forestal (INIAF) habría logrado la repatriación de 666 accesiones o tipos de maíz de valor incalculable desde el Centro Internacional de Mejoramiento de Maíz y Trigo (CIMMYT) de México.
(8) La agrobiodiversidad o diversidad agrícola engloba por un lado a las especies de plantas y animales cultivadas y domesticadas para la alimentación y otros usos así como a sus parientes silvestres. Por otro lado, incluye a los componentes que sostienen a los sistemas de producción agrícola o agroecosistemas como microorganismos del suelo, depredadores, polinizadores, etc.
(9) Depósito destinado a guardar las cosechas, especialmente maíz, que en el Chaco es de madera y puede ser edificado en altura para proteger el producto de las plagas.
(10) Mortero grande de madera.
(11) Las diferentes variedades de maíz se ocupan para preparar gran variedad de bebidas como el api, la chicha, el somó, el tujuré y platos como el mote pelachi, las humintas y las chirriadas que son similares a los panqueques o tortillas.
(12) Ver estudios de Ávila y Brandolini y José Antonio Serratos.
(13) Decreto Supremo: D.S. 3847 (17 de abril de 2019).

Entrevista con José Ledezma sobre el maíz nativo guaraní en Bolivia – 1era Parte

En la segunda expedición SOS MAIZ al Chaco boliviano en marzo del 2018 entrevistamos al investigador del maíz y de la cultutra guaraní José M. Ledezma en la localidad de Cuevo, cerca de Camiri, en el Chaco boliviano.

Hace 20 años en el Chaco boliviano se encontraban cerca de 18 variedades de maíz las que  se han venido erosionando a causa de la adopción de maíces híbridos que tienen como destino la comercialización. Este cambio en el uso del maíz tiene como consecuencia la pérdida de variedades tradicionales a la vez que representa una amenaza a la seguridad y soberanía alimentaria del pueblo guaraní.
La visión del pueblo guaraní sobre su cultura, sus alimentos y particularmente sobre el maíz se basa en que la cosecha puede ser guardada en el troje, una pequeña despensa que asegura la disponibilidad de alimento para todo el año.
El cultivo de estas razas nativas de maíz se realiza sin agroquímicos y de esta manera las comunidades  aún pueden disponer  de una alimentación segura, sana y nutritiva para sus familias.

Los centros de origen y de diversidad deben ser regiones libres de transgénicos

La diversidad de especies y variedades que hoy sustentan la agricultura y la alimentación del mundo son el resultado de un largo proceso de domesticación, selección y mejoramiento de especies silvestres y cultivadas. Pero en todo el mundo se está presentando un alarmante proceso de erosión genética de esta biodiversidad. Según datos de la FAO, durante este siglo la diversidad genética de los cultivos se ha reducido 75%.

Régimen de protección especial debe estar orientado a determinar el valor cultural, social, económico y biológico de los centros de origen y diversidad y la aplicación del principio precautorio en el contexto del artículo 27 del Protocolo de Cartagena.

La agricultura es un invento de múltiples poblaciones humanas, pueblos y civilizaciones en diferentes regiones del mundo desde hace miles de años, especialmente en las regiones tropicales y subtropicales de Asia, América y África. Es el fruto de generación de conocimiento, innovaciones y prácticas, trabajo colectivo y acumulado por miles de generaciones de agricultoras y agricultores. La diversidad de especies y variedades que hoy sustentan la agricultura y la alimentación del mundo son el resultado de un largo proceso de domesticación, selección y mejoramiento de especies silvestres y cultivadas.

Los centros de origen de una especie de cultivo son aquellas regiones de donde se inició su proceso de domesticación y donde existen los parientes silvestres que originaron este cultivo. Estos centros de origen no siempre es donde se encuentra la mayor diversidad de variedades. Esto se debe a que los agricultores de otro lugar, distinto del de origen, pueden haber sido los que desarrollaron mayor número de variedades del cultivo. Es por ello que el debate sobre la amenaza para las variedades cultivadas de los cultivos transgénicos se debe enfocar no solo en los centros de origen, sino también en los centros de diversidad de los cultivos.

Para el caso de América, la agricultura se inició por lo menos hace 10.000 años. Como resultado de este trabajo de selección y mejoramiento realizado por múltiples pueblos y generaciones, se crearon muchas especies y variedades cultivadas, adaptadas a diferentes regiones geográficas, climas y requerimientos culturales, tecnológicos y productivos de los agricultores. Es así como La región tropical y subtropical de América es el centro de origen y de mejoramiento de cultivos como: maíz, frijol, papa, tomate, ají, calabazas, yuca, ñame, batatas, algodón, tabaco, piña, cacao, caucho, pimienta y muchos otros tubérculos, raíces, cereales, frutales, plantas medicinales y de otros usos.

Desde los orígenes de la agricultura hasta nuestros días, el mejoramiento de los recursos genéticos realizado por los agricultores ha sido un proceso descentralizado, en donde cada grupo étnico ha seleccionado, y creado múltiples variedades diferentes, que se han adaptado a las condiciones diversas de clima, suelos, ecológicas, agronómicas y requerimientos culturales y nutricionales. Esta biodiversidad creada y conservada por las múltiples comunidades indígenas y campesinas de América Latina es un importante aporte genético a la especie y son un patrimonio cultural de estos países y especialmente son fundamentales en la soberanía alimentaria de estas comunidades locales. En la creación de especies y variedades para la agricultura, desde épocas antiguas han intervenido varias culturas, pueblos indígenas y locales situados en la misma región. Este proceso ha sido determinado por factores ecológicos, tecnológicos, productivos y culturales:

El maíz es originario de Mesoamérica y su domesticación se remonta hace aproximadamente 10.000 años, pero desde épocas ancestrales tuvo un proceso de domesticación y diversificación de razas nativas en la región Andina. Igualmente Brasil es un importante centro de diversidad de, en donde millones de campesinos han desarrollado variedades criollas. El maíz es un cultivo sagrado para muchos pueblos mesoamericanos y andino. Durante siglos, los pueblos de América Latina han desarrollado nuevas variedades de maíz adaptadas a las condiciones físicas de distintas regiones y a sus necesidades culinarias y culturales. Para el caso de México, la base de datos de maíces criollos cuenta con 7,009 registros georreferenciados, ente 1940 y 2005, correspondientes a 61 razas. Según CONABIO (2006) (1), respecto a los parientes silvestres del maíz, existe una base de datos de teocintle que incluye cuatro especies y 421 registros georreferenciados, colectados entre 1977 y 1999. En Perú, existen 55 razas adaptadas de maíz a diversos pisos ecológicos (Perry et al. 2006); mientras que en Colombia existen en los bancos de germoplasma del ICA, 5.600 accesiones pertenecientes a 23 razas nativas de maíz.

La papa se originó en la región andina; allí se presenta una altísima diversidad y presencia de parientes silvestres especialmente en Perú y Bolivia y Ecuador, pero también tuvo procesos de diversificación en la antigüedad hasta Mesoamérica. La papa es el cultivo más importante en la región andina y está asociado no sólo con la seguridad alimentaria de los pueblos, sino con las relaciones de reciprocidad y de fortalecimiento cultural y del tejido social comunitario.

La yuca es un cultivo originario de las tierras bajas tropicales de la amazonia, pero los pueblos del Caribe y de las tierras bajas de Sur América de Brasil, Colombia, Perú, Ecuador y Paraguay entre otros, han desempeñado un papel importante en la diversificación de esta especie. Igualmente en varios países de África existen importantes centros de diversidad de yuca, en donde es fundamental en la soberanía alimentaria de los pueblos. La importancia cultural de este cultivo es fundamental en América Latina y está ligado con la identidad de las distintas comunidades amazónicas, de manera particular de las mujeres.

El algodón desde épocas ancestrales presentó una amplia distribución en toda América y procesos de domesticación y mejoramiento paralelos en lugares bastantes distantes. Tiene dos centros de origen en América Latina: La región Andina y Mesoamérica; y en la Amazonía también existen variedades tradicionales y parientes silvestres, las cuales también tienen fines medicinales en algunos pueblos indígenas.

El arroz es originario del Sureste asiático, pero desde la época de la colonia se cultiva en todos los países tropicales y subtropicales de América Latina, en donde existe una importante diversidad de variedades locales, desarrollada especialmente por comunidades indígenas y campesinas, las cuales están adaptadas a las condiciones ambientales y socioeconómicas de estos países y de las comunidades locales.

Pero en todo el mundo se está presentando un alarmante proceso de erosión genética de esta biodiversidad. Según datos de la Organización Mundial para la Alimentación y la Agricultura (FAO), durante este siglo la diversidad genética de los cultivos se ha reducido 75%. En otras muchas regiones del mundo se han obtenido cifras parecidas, que muestran la erosión genética catastrófica que está teniendo lugar a nivel mundial. De las 8 mil variedades tradicionales de arroz que existían en China en 1949, sólo quedaban 50 en 1970, y de las variedades locales de maíz que se conocían en México en 1930, sólo queda actualmente 20 por ciento. En Corea del Sur de 57 cultivos, de los que se conocían más de 5 mil variedades distintas, entre 1985 a 1993, desapareció 82% de las variedades (Greenpeace, 2000). En la India en 1960 había aproximadamente 50 mil variedades de arroz, en 1990 había 17mil variedades; pero hoy la mayoría de los agricultores sólo utilizan unas pocas docenas.

Los bancos de germoplasma son administrados por organizaciones internacionales, instituciones de gobiernos o centros de investigación. Aunque la mayoría de estas instalaciones está situada en países del Sur, son financiadas y controladas principalmente por países del Norte. Un total de 1.300 bancos de germoplasma en todo el mundo guardan actualmente unos 6 millones de accesiones. Muchas de las semillas pierden su viabilidad durante el almacenaje, puesto que la semilla guardada en los bancos no está sujeta a la selección, evolución y adaptación natural al entorno.

Una forma más sostenible de preservar la diversidad de nuestros cultivos es conservarlos en su medio. No tiene sentido conservar la diversidad de los cultivos congelada, o en museos de diversidad. La revolución verde con sus variedades híbridas genéticamente homogéneas y los cambios sociales y económicos que ha motivado, es una de las causas principales de la disminución de la diversidad. Greenpeace (2000) (2) plantea que la introducción en la agricultura de plantas transgénicas, aumenta la tendencia hacia la uniformidad y la pérdida de diversidad de los cultivos, a través de la contaminación genética de genes modificados que llegan a las especies y variedades nativas.

Riesgos e impactos de cultivos transgénicos en centros de origen y biodiversidad

América Latina es la región del mundo que tiene mayor diversidad agrícola, es por ello que la introducción de plantas transgénicas tienen un gran riesgo, especialmente por la posibilidad de transferencia de estos genes modificados en las plantas silvestres y las variedades cultivables locales, lo que puede causar graves desequilibrios en los ecosistemas. Los riesgos de transferencia de genes de una variedad transgénica a una especie o variedad pariente, es mayor en los centros de origen y/o diversidad, ya que los genes insertados tienen más oportunidades de pasar a otras plantas donde se pondría en juego los recursos genéticos aún existentes. Una vez que las plantas transgénicas se liberan al ambiente no se pueden contener, el cruzamiento natural entre las plantas emparentadas. La vía principal de escape de los nuevos genes a otras zonas y especies es a través del polen, que puede fertilizar plantas sexualmente compatibles en la zona.

El flujo de los genes será inevitable en los centros de diversidad, ya que la planta transgénica estará rodeada de plantas compatibles, ya sean variedades y razas locales o especies silvestres. Está demostrado que los cultivos de maíz, papas, tomate, yuca, frijol, algodón, girasol, colza y muchos otros pueden hibridarse (intercambiar material genético) con plantas silvestres que crecen en sus centros de diversidad.

El sólo hecho de pretender introducir cultivos transgénicos en centros de origen y de diversidad de estas especies, que son fundamentales en la alimentación y agricultura mundial, debería ser un argumento contundente para rechazarlo. Se debe proteger a las variedades tradicionales y los parientes silvestres (que además de su valor cultural, constituyen la materia prima para el mejoramiento de las variedades modernas). No es cuestión de manejar el riesgo o de saber responder ante emergencias, en casos de contaminación genética, sino de evitar la contaminación; porque la contaminación genética es irreversible, y las vías de contaminación son múltiples, no sólo a través de flujo de genes, sino de contaminación de semillas, de tubérculos (en el caso de la papa y de la yuca), y sobre todo por prácticas culturales que las comunidades indígenas y campesinas, puesto que dentro de sus estrategias de conservación y mejoramiento de la diversidad agrícola, experimentan con semillas nuevas, intercambian y llevar semillas y productos de una región a otra.

Existen muchas formas y vías por las cuales puede llegar la contaminación genética a los centros de origen y de diversidad. Generalmente las evaluaciones de riesgos realizadas en A. latina, solo evalúan la distancia mediante condiciones naturales se transporta el polen desde una planta GM a una no GM y se sacan conclusiones absurdas como las obtenidas en Colombia, en donde el Instituto Colombiano Agropecuario ICA, al evaluar varios tipos de maíces GM, dice que la biodiversidad local de maíz, se protege con solo separarlos a 300 metros de las variedades transgénicas. Pero no se evalúan y tienen en cuenta las diferentes formas como pueden llegar el maíz GM a las zonas donde están las variedades nativas. Por un lado la mayor fuente de contaminación puede proceder por la importación masiva de maíz en países como México, Colombia y Perú, que llega como alimento, pero que también se pueden utilizar como semilla. También es frecuente que los programas de ayuda alimentaria y de fomento agrícola entreguen semillas foráneas, que los campesinos e indígenas no conozcan su procedencia, y si éstas son transgénicas, pueden entrar en la cadena productiva y alimentaria de manera desapercibida y sin ningún control.

Una vez que se libera una variedad transgénica en un país, es imposible frenar la contaminación genética. En un estudio hecho por Union of Concern Scientist (2004) (3), se reportó contaminación genética en semillas convencionales de maíz, soya y canola con transgenes procedentes de variedades manipuladas genéticamente en Estados Unidos. Existe suficiente literatura que demuestra que hay introgresión desde variedades cultivadas y sus parientes silvestres en especies como maíz, yuca, papa, entre otros cultivos (4). Scurrah et. al. (2005) (5) demuestran que existe flujo de genes desde los cultivos de papa hacia sus parientes silvestres en Perú (6).

Además de los impactos sobre la biodiversidad en los centros de origen y de diversidad, es fundamental para los países de América latina, los impactos que estos tienen sobre la cultura y la afectación social y económica, y especialmente sobre los sistemas productivos y la soberanía alimentaria de las comunidades locales y pueblos indígenas de la región que dependen de esta biodiversidad. En realidad no existen métodos para evaluar los impactos socio económicos de los cultivos transgénicos en los centros de origen, y en regiones donde estos cultivos para las comunidades locales tienen un valor cultural, ritual y espiritual importante, como son los casos de la papa, el maíz y la yuca, en la región andina, mesoamericana y amazónica respectivamente. Otros cultivos como el arroz y la caña de azúcar son de gran importancia regional, pues constituye parte de la dieta básica de esas comunidades. La introducción de variedades transgénicas de estos cultivos en la región, puede tener impactos socioeconómicos y culturales muy graves, especialmente entre las comunidades y pueblos indígenas ligados a la biodiversidad.

Existen evidencias científicas que muestran la posibilidad que el flujo de genes ocurra en los centros de origen y de diversidad, de hecho ya ocurrió en México con el maíz, en donde se ha encontrado que las variedades nativas de los agricultores se han contaminado con variedades transgénicas. Los estudios hechos por Quist y Chapela (2001) (7) en el Estado de Oaxaca México y corroborado más tarde por la Comisión para la Cooperación Ambiental de América del Norte, demuestra que hay contaminación genética en las variedades tradicionales, a pesar de que hasta el momento no es permitido sembrar comercialmente maíz transgénico en ese país, y que ésta ha ocurrido a través de la importación autorizada de granos de maíz transgénico procedente de Estados Unidos.

Asimismo, el anuncio del Centro Internacional de la Papa (CIP) en julio del 2007 sobre la creación de un variedad de papa genéticamente modificada a nivel experimental resistente a la polilla, generó una serie de cuestionamientos por parte de organizaciones conservacionistas de la agrobiodiversidad y ambientalistas a nivel nacional e internacional, las que expresaron y difundieron su honda preocupación por la posible liberación de esta papa GM en países andinos centros de origen de este tubérculo (8).

Por otro lado, Gutiérrez (2007) (9) determinó la presencia de dos eventos transgénicos en cultivos de maíz amarillo duro, el NK603 (resistencia a herbicidas) y el Bt11 (biocida) en el valle de Barranca, ubicado al norte de Lima, Perú, lo cual pone nuevamente en discusión el tema de los riesgos e impactos que genera la introducción de cultivos genéticamente modificados en centros de diversidad biológica, como el Perú, que en la actualidad tiene 55 razas adaptadas de maíz a diversos pisos ecológicos (Perry et al. 2006 en Lapeña, 2007) (10).

El riesgo es mayor cuando existe una especie silvestre emparentada que esté considerada una “mala hierba” o “maleza”, puesto que una planta modificada genéticamente con genes que confieren tolerancia a herbicidas o que producen toxinas Bt, al transferirse a parientes silvestres, les proporcione una ventaja que les permita sobrepasar e invadir a la vegetación natural. El caso del maíz tiene peculiaridades especiales, puesto que es una planta de polinización abierta, al tiempo que es la especie agrícola de mayor variedad genética conocida, lo cual permite que sea cultivado en un amplio rango de ambientes. Una vez liberado al ambiente variedades de maíz transgénico, es prácticamente imposible impedir el flujo genético hacia otras variedades o hacia parientes silvestres, por razones biológicas, ecológicas y culturales.

Medidas de protección de los países centros de origen y de diversidad, que se deberían incluirse en el régimen de responsabilidad civil y compensación del Protocolo de Cartagena

El régimen de responsabilidad civil y compensación que se adoptará en el seno del Protocolo de Cartagena, debería incluir medidas de salvaguarda para los países que son centros de origen y de diversidad, relacionadas con evaluación ambiental y también salvaguardas.

En aplicación del Principio de Precaución, todos los países que sean centros de origen y/o diversidad de algún cultivo, deberían adoptar medidas legales para prohibir la introducción de variedades transgénicas de esos cultivos y de productos que sean material reproductivo, ya sea como commodities o como semillas. También deberían prohibirse las pruebas y experimentación de campo con estas semillas.

De existir impactos negativos en centros de origen de cultivos y diversidad de cultivos, a partir de la introducción, uso, manipulación, liberación en el campo o comercialización de OVM, la responsabilidad debe incluir sanciones penales, sin prejuicio de las sanciones civiles.

Dado que los impactos que pueden generarse a partir de los OGM pueden tener impactos a largo plazo, ser acumulativos y crear sinergismos con otros elementos ambientales o la salud humana la responsabilidad no debe prescribir.

Autores: Germán Vélez – GRUPO SEMILLAS, Ymelda Montoro – RAAAA

Fuente RED POR UNA AMERICA LATINA LIBRE DE TRANSGÉNICOS – RALLT

Comentarios al proyecto: Latin America Capacity- Building in Biosafety – GEF, Red por una América Latina Libre de Transgénicos, 6p. Catacora, G. 2006. Papa transgénica en el centro de origen: riesgos e implicaciones. 8 pp.

Notas:(1) CONABIO, 2006. Documento base sobre centros de origen y diversidad en el caso de maíz en México. Jul, 2006, 33p.

(2) Greenpeace, 2000. Centros de diversidad. La riqueza biológica de los cultivos tradicionales, herencia mundial amenazada por la contaminación genética, México, 2000, 63p.

(3) Union of Concerned Scientists. 2004. Gone to the Seed. Transgenic Contamination in the Tradicional Seed Suply.

(4) Jarvis, Devra I. and Toby Hodgkin. 1999. Wild relatives and crop cultivars: detecting natural introgression and farmer selection of new genetic combinations in agro-ecosystem. Molecular Ecology 8, S159-S173.

(5) M. Scurrah, S. Chumbiauca, A. Salas, R. Canto, J. Arcos, C. Celis, R. Visser, S. Cowgill, H. Atkinson. 2005. Dinámica de flujo de genes en el cultivo de papa y sus parientes silvestres en el Perú. El caso: variedades transgénicas con resistencia a nematodos. Séptimo Congreso Nacional de la RAAA, Arequipa.

(6) Ver también Huamán, Z. 2005. Panorama de los transgénicos en el Perú. Posibles efectos en la Biodiversidad. Ponencia presentada en el Seminario Impactos de los transgénicos en la agricultura sostenible Arequipa noviembre 2005.

(7) Quist & Chapela. 2001. Transgenic DNA introgressed into tradicional maize landraces in Oaxaca, México. Neura. Vol. 414, 29 November 2001.

(8) CARETAS, 2007. Revolución Caliente. En El CIP, primera variedad de papa transgénica atiza el revuelo. Lima, Perú, 79 -80 pp.

(9) Gutiérrez, 2007. Informe sobre detección de eventos transgénicos en campos cultivados de Maíz en le valle de Barranca, Lima. Universidad Agraria la Molina (UNALM). 4 pp.

(10) Lapeña, 2007. Semillas transgénicas en centros de origen y diversidad. SPDA. Lima, Perú.

Link: http://www.ecoportal.net/content/view/full/77296/